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MELILLA HACE 500 AÑOS
Situación
Situada en el Norte de Africa, en la parte oriental de la península de Tres Forcas se extiende la ciudad de Melilla, asentada su parte más antigua sobre una gran roca calcárea de unos 30 metros de altura que a manera de pequeña península se interna sobre el mar Mediterráneo.
Con una superficie actual de 12,378 Km2, superficie delimitada en el tratado Hispano-Marroquí del 24 de agosto de 1859 por el que se disparaba una bala de cañón desde el fuerte Victoria Chica la cual delimitaría el territorio español en esa zona.
Su población es de 65.000 habitantes compuesta por cuatro culturas (cristiana, musulmana, hebrea e hindú) que conviven en armonía lo que convierte a esta ciudad en un claro ejemplo de convivencia intercultural.
Por su ubicación privilegiada, Melilla es la puerta de Africa, el continente hacia el que miran en la actualidad tanto el mundo de los negocios como el del turismo.
Posee como atractivos turísticos la ciudadela de "Melilla la Vieja" y el triángulo de oro de la arquitectura melillense, en el que predominan edificios modernistas creados por Enrique Nieto (discípulo directo de Gaudí) que convierten a Melilla en una de las principales capitales modernistas del mundo.
Además de poseer uno de los pocos puertos deportivos del norte de Africa, la única plaza de toros del continente, y un largo etcétera.
Puerto de Melilla, Ciudadela antigua al fondo.
Antecedentes
Melilla en la antigüedad fue colonia comercial fenicia, denominada Rusadir, y puerto estratégico en las guerras entre cartaginenses y romanos quienes le concedieron el estatuto de Colonia con el nombre de Flavia (año 46 d. C.) Ésta aparece perfectamente situada en el itinerario del Emperador Antonino como cabecera de la región Oriental de la Mauritania Tingitana delimitada por el Muliluia Flumen que la separaba de la Cesariense.
Posteriormente, al igual que el resto de territorios romanos, fue invadida por los vándalos procedentes de la península, por lo que fue destruida y reedificada más tarde por visigodos y bizantinos.
Durante la gran expansión árabe la ciudad se convierte en un reino llamado Nekor y Abderramán III la incorpora con el nombre de Melilla al Califato de Córdoba a finales del s. IX, pasando en el XIII a manos de los Meriníes de Fez.
Posteriormente Melilla, estando en una época de desarrollo y florecimiento, sufre las consecuencias de las guerras entre Fez y Tlemecén (Argelia) que supuso la ruina y el abandono de la ciudad.
D. Pedro de Estopiñán y Virués
La conquista de Melilla
A fines del siglo XV se produce en España el término glorioso de la Reconquista con la rendición de Granada y Melilla sostiene un animado tráfico con las costas de aquel Reino de donde llegan constantemente numerosos vencidos que no se avienen a permanecer bajo dominio cristiano en las tierras que fueron el antiguo Reino Nazarita.
En octubre del año 1493 el Rey Boabdil, en unión de sus familiares y cortesanos, desembarcaba en Cazaza, a 18 Kilómetros de Melilla, una vez rendido su Reino de Granada ante los ejércitos victoriosos de los Reyes Católicos.
Razones políticas y estratégicas y el deseo de impedir en el futuro nuevas invasiones, movieron a los Reyes Católicos a apoderarse en la costa de cierto número de bases que sirvieran como centinelas avanzadas de la seguridad nacional y con este objeto enviaron emisarios al otro lado del mar que informaran sobre la situación de aquellas costas, noticiosos de que la ciudad de Melilla, por las continuas guerras sostenidas entre los Reyes de Fez y Tlemecen, se hallaba casi despoblada.
Pasó en primer lugar el Comendador Martín Galindo, quien después de reconocer la ciudad de Melilla y ante el gran número de habitantes que vivían en sus proximidades, informó al Rey que la conquista era harto difícil de realizar y aun en el caso de que se tomase Melilla, "antes se llamaría carnicería de cristianos que población de ellos" y ante tales informaciones se desanimaron los católicos monarcas acordando el aplazamiento de la conquista de la plaza
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Noticioso el Gobernador de Andalucía, don Juan Alonso de Guzmán, III Duque de Medina Sidonia, de que los Reyes abandonaban el propósito de conquistar Melilla, decidió tomar la empresa a su cargo a cuyo efecto, y obtenida la competente autorización real, comisionó a su Comendador don Pedro de Estopiñán Virués para que pasara a explorar la península de Tres Forcas, cosa que realizó disfrazado de mercader en unión del famoso artillero Francisco Ramírez Madrid. Una vez estudiado el terreno y sabiendo de lo necesario para reedificar la ciudad, se le comunicó al Duque quien mandó juntar "cinco mil hombres de a pie y alguna gente de a caballo, mandó aparejar los navíos en los que fuesen e hizo que cargaran mucha harina, vino, tocino, carne, aceite y todos los otros mantenimientos necesarios, y de artillería, municiones, lanzas, ballestas, espingardas y otras armas. Y así mismo llevaron gran cantidad de cal y madera para edificar la ciudad". Y con esta armada de gente partió Pedro de Estopiñán del puerto de Sanlúcar en el mes de septiembre del año 1497.
Se detuvieron en la mar para no entrar de día. Y, desembarcando de noche, lo primero que hicieron fue sacar a tierra un enmaderamiento de vigas que se encajaba y que llevaban hecho; a este tipo de prefabricado se le llamó de "cava y barrera". Trabajaron toda la noche para ponerlo en las murallas de tal manera que, cuando amaneció, los moros que andaban por los campos que habían visto el día antes a Melilla asolada y la vieron amanecer con muros y sonar tambores y disparar artillería, "no tuvieron pensamiento de que estuviesen en ella cristianos, sino algunos demonios". Y así cogieron tanto temor del súbito caso, que huyeron de aquella comarca yendo a contar a los pueblos lo que habían visto.
Entre tanto, Estopiñán hacía poner tanta diligencia en hacer descubrir los cimientos de los adarves y torres y, como llevaba gran cantidad de maestros para edificar y todos los que iban en la armada con el mismo general no se despreciaban en trabajar cuanto más podían, dieronse tanta prisa y diligencia en reedificar los adarves y torres, porque allí encontraron la piedra con que antes estaban hechos, y con la cal que llevaron no fue difícil terminar la obra.
Cuando, a los pocos días, llegaron los soldados que el Rey de Fez pudo enviar para socorrer a los habitantes de la costa, Melilla era un verdadera fortaleza, por lo que fueron impotentes para recobrarla y tuvieron que retirarse.
Cuando Estopiñán juzgó que se hallaba Melilla en estado de defensa, dejó por alcaide de ella al Capitán Gómez Suárez con una buena guarnición y volvió a España con el resto de la gente. Dio cuenta al Duque por orden de todo lo que había sucedido y de la manera en que la había dejado.
Lo mandó a dar cuenta a los reyes Isabel y Fernando quienes recibieron con júbilo la noticia de la conquista. Celebraron tanto los Reyes el éxito de la empresa de Estopiñán que en la carta que enviaron al Duque con fecha 18 de octubre del mismo año le decían: "que el placer que hubimos con la buena nueva que nos enviasteis, nos ha aprovechado para templar en algo el dolor que tenemos porque esperamos en Dios que desto será mucho servido…"

Torre de la Cal
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